Stadium Tenerife
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El Relato: “Esqueleto de multitudes”

Decía Benedetti que un estadio vacío es un esqueleto de multitudes.  Y algo saben los uruguayos del fútbol y de sus silencios: no en vano provocaron el más famoso de la historia, en el viejo Maracaná del 50. Y, seguramente, nunca ha estado el poeta más en lo cierto que ahora. Amordazado el entorno, nada queda del clamor que despoja al fútbol de su profesionalidad y lo gana para las emociones.

Nada es igual en esta nueva normalidad. En el fútbol del VAR, de las gradas estilo PC Fútbol y del Atlético líder absoluto. Nada, salvo el Club Deportivo Tenerife. Aquí ni Filomena cambia el aire. Prisioneros de un presidente con los días contados, el club está sumido en una endogamia autocomplaciente que sólo es estancamiento y miseria. Sin más ideas que una caja infinita de parches, la mediocridad se dispersa como un virus que ya alcanza hasta a la afición, que, acostumbrada a la incompetencia, asimila la falta de ambición sin chistar. Conformándose hasta el punto de hacerla suya.


Y por eso aplaudimos a jugadores que deberían llevar muchos años lejos de aquí. Y luego, cuando las cosas no salen y los fallos se suceden, nos tapamos la cara, incrédulos, como si uno más uno no fueran dos. Pero el agua caliente ya lleva muchos años inventada, como diría Maradona. Y no tenemos sino lo que nos merecemos. Sometidos, además, a una prensa flamígera, más dispuesta a ganar su batalla que a informar; donde hasta los símbolos se arrastran por el fango o se ven obligados a agachar la cabeza y pasar por el aro.

¿Y qué es lo que queda? La ignominia del Ninfas y la nulidad para encontrar una salida digna y respetuosa con el escudo y su gente. Y ese esqueleto del que hablaba Benedetti: un estadio vacío, que ahora lo está por el Covid pero que lo estará por sus dirigentes. Hasta rubor da hablarle a los niños del Tete, decirles que apoyen a un equipo que no es capaz de mantener un mínimo de valores.   Y no es baladí de lo que hablo. Es el futuro blanquiazul, la enormidad que significa estar creando toda una generación que sólo será del Madrid o del Barcelona. Y por la que nadie rendirá cuentas ni dará explicación alguna. Mientras pagamos los de siempre. Los que encendemos el televisor y aguantamos noventa minutos de la nada absoluta.

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Escritor de relatos cortos. Aficionado y abonado al CD Tenerife desde pequeño. Profesor de Secundaria.

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